viernes, 7 de mayo de 2010


No queda nada de nadie. El tiempo se ha acabado, camino entre soledades, el eco del vacío roza mi piel altamente sensibilizada, siento el relieve del asfalto a través del calzado, ¿qué hago?, ¿qué queda?, solo camino, avanzo observando la quietud del ambiente, en otro momento quizás agobiante, pero no ahora. Nadie aparece, continúo avanzando y cada célula de mi piel se extremece ante tanta incertidumbre, ahí, diva de nadie, segura de sí misma procurando crear una imagen de sí misma lo más alejada de la realidad posible, alimentándose de muerta esperanza atada a un soplo de vida, sola me encuentro en mitad de ese desierto, sé que necesito un abrazo, pero no me atrevo a proporcionármelo, soy yo, sé lo que me ocurre, lo que pasa por mi mente, y cobarde, aguardo sin un solo movimiento, observándome avanzar hacia la nada, impasible, totalmente serena e increíblemente feliz.
Regreso, decido no seguir observándome, demasiado de nada en un lugar sin horizonte. Dejo fluir un suspiro entre mis labios y cierro los ojos, al fin, al fin regreso satisfecha tras hacerme una intrépida sorpresa, pues a pesar de ver cómo avanzo sola, me siento conforme, no he necesitado cederme un abrazo, no he necesitado gritar un "vuelve", no he necesitado más que apreciar el resultado de saber que tal vez la próxima vez que regrese, tampoco necesite abrazarme, tal vez la próxima vez muestre la felicidad que encierro y la deje correr y sea ella la que avance, pues puede ser que yo no tenga motivos para avanzar pero sí para detenerme a tu lado, cada instante de mis días.

Quiero detenerme en el camino y olvidarme de que existe.

;;