lunes, 24 de agosto de 2009
Despierto, despierto y sonrío. Por fin puedo hacerlo sin tener motivo alguno. Soy capaz de dar paso al orgullo sólo por propia voluntad. Intento localizar alguna explicación perdida y medianamente coherente, pero, al parecer, no me conviene hallarla mientras mi intención sea permanecer así; simplemente, permanecer bien, sentirme única entre la complicada y peculiar multitud. Más allá de la opinión que posean los demás sobre lo que realmente soy, me basto y me sobro con mi absurda independencia. Olvidé los sueños imposibles en un -olvidado también- cajón. Dirigiré mis energías en aquello de lo que esté segura, seré favorecida en todo lo cual me inspire sólo, positividad. Y es que, sin saber cómo, sin saber siquiera si me lo merezco ni si es el momento exacto en el tiempo, he logrado el equilibrio y la estabilidad entre todos los elementos necesarios para realizar una persona, un ser racional. Perdida estuve, inundada en dudas, existentes todavía, pero ya sin importancia; desde cualquier punto de vista, me rendí. Desde mi punto de vista, gané. Ante lo que siento, solo puedo pensar que he ganado, solo hay lugar para la victoria. Solo quiero mi presencia, nadie más posee el derecho de alterar mi armonía. No sé apenas algo sobre lo que me rodea o lo que podría rodearme en cualquier momento, pero de una cosa estoy segura, y es que lo que no sé es porque no quiero saberlo, desconozco lo que no quiero conocer. Asumo la responsabilidad de mis actuaciones puesto que todo lo que hago depende sola y exclusivamente de mí, no intervengo en la vida de nadie, sólo deseo que me paguen con la misma moneda, que nadie intervenga en mi propia vida. Si alguien quiere hacerme participante de lo que ocurre en un momento determinado en su vida, bien, pero no aseguro mi interés en el asunto como tampoco aseguro demostrar una importancia; escasas personas me importan, y las que me importan, lo saben.
Si en etapas anteriores pude considerarme ‘algo’ sin razón alguna en el universo, desconociendo su existencia; ahora, puedo considerarme ‘persona’ , no es que haya averiguado alguna de las explicaciones que precisaba, sino que he aprendido a manejar el sentido que aporto a las cosas. Pienso, luego existo.
Etiquetas: Plenitud.






Te quierooo